“No puede desconocerse el aporte de más de 200.000 empleos rurales directos que genera el sector cerealista (130.000 maíz, 62.000 el frijol, 10.000 otras leguminosas como arveja-soya y 8.000 cereales menores), al igual que su contribución a la seguridad alimentaria de los colombianos, en cuanto a oferta de alimentos cada vez más sanos y nutritivos, asequibles a toda la población”, afirmó la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce).

El gerente del gremio de los productores, Henry Vanegas Angarita, se mostró contrario a las pretensiones de Porkcolombia al pedirle a los ministerios de Comercio y Agricultura un diferimiento arancelario al 0 % para las importaciones de maíz provenientes de los Estados Unidos y ampliarlas de paso a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay (Mercosur), “como si no tuviéramos producción de maíz nacional o este fuera un cultivo marginal”. dijo el dirigente gremial.

Esto (alegó ese gremio pecuario) por la necesidad de tomar todas las medidas posibles para mitigar la difícil coyuntura, a la que se le suma el impacto que tiene la devaluación del peso frente al dólar registrada en los últimos días.

Pero con la caída del petróleo, países como los Estados Unidos disminuyen la producción de etanol de maíz y en reacción, el precio de este cereal experimenta ya bajas significativas que no se registraban desde hace más de una década, lo cual neutraliza e incluso supera la subida del precio del dólar en nuestro país.

“No aprendemos, hay que estimular la producción y el abastecimiento de los granos básicos agroalimentarios porque es estratégico contar con un componente de producción nacional”, dijo
Henry Vanegas, quien destacó que, como resultado del TLC negociado con los Estados Unidos, es posible importar una gran cantidad de maíz sin pagar arancel haciendo uso del contingente concedido a ese país, del cual aún existe un cupo disponible de 1.723.337 toneladas para la importación de ce este cereal, libre de arancel.

Adicionalmente, durante esta quincena (la primera de marzo de 2020) el arancel para el maíz amarillo vigente en la Comunidad Andina y Mercosur es del 5%, fijado mediante el Sistema Andino de Franja de Precios, que es el mecanismo acordado regionalmente para la “estabilización del costo de importación de un grupo especial de productos agropecuarios, caracterizados por una marcada inestabilidad en sus precios internacionales”.

Pretender abolir la Franja Andina de Precios en este momento crucial, no solo atenta contra la estabilidad del ingreso al productor y la sostenibilidad de las condiciones de mercado que se han pactado anteriormente entre países, sino que descarta la capacidad que tiene el país de autoabastecerse.

Para ser autosuficientes con maíz tenemos que sembrar en un semestre lo que estamos sembrando anualmente, esto es duplicar el área de siembra con una productividad promedia de 7 toneladas por hectárea, que ya es común en muchas de nuestras zonas productoras.

Ante esta situación, la petición del gremio cerealista consiste en la necesidad de un mayor compromiso con el agro por parte del Gobierno colombiano, dado que los productores nacionales asumen un alto riesgo de su inversión al sol y al agua y deben estar protegidos ante estas eventualidades del mercado internacional.

Por esta razón, Fenalce solicitó al Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural hace algunas semanas el programa de Cobertura de Precios y Tasa de Cambio para maíz amarillo, maíz blanco y soya, aún sin obtener respuesta.

Este mecanismo permitiría que los agricultores no se vieran afectados por la importante caída del precio internacional, cubrieran fluctuaciones de la tasa de cambio y lograran estabilizar el ingreso para amortiguar la subida en los costos de producción.

“En la realidad actual se hace evidente la falta de una política agraria fuerte de mediano plazo, que asegure la estabilidad de la actividad agrícola de la población campesina, de por si envejecida y en alto riesgo de desaparecer.

“Es una pésima señal y una torpe política agroalimentaria que, sumada a los tratados de Libre Comercio, se siga entregando el mercado a terceros países y tornándonos cada vez más dependiente de las importaciones. Tanto así, que en los últimos años las importaciones de trigo, maíz, soya y torta de soya se incrementaron abruptamente, mientras la producción nacional se mantiene estable por las productividades alcanzadas, pero con tendencia a la baja en cuanto a las áreas de siembra.

“Permitir un aumento de las importaciones de materias primas que se pueden producir en el país es contraproducente para dinamizar la economía y el empleo rural y no debe ser a costa del agro nacional ni del ingreso de los productores del campo o del consumidor colombiano”, indicó el gerente de Fenalce.

Por otra parte, se estima que, de la canasta de producción, el 60% del costo total corresponde a maquinaria e insumos importados, es decir que, ante el incremento de la tasa de cambio, el precio de los productos como tractores, sembradoras, semillas, fertilizantes e insecticidas, entre otros, también se comportan al alza, afectando directamente la rentabilidad de los productores locales.

¿Qué es un diferimiento arancelario?
Es una herramienta utilizada por las empresas importadores para disminuir costos, por medio del aplazamiento de la aplicación del Arancel Externo Común (AEC). Cuando las materias primas nacionales, los bienes de capital y algunos productos finales, estén escasos.