Ante la caída del precio internacional de la soya, ocurrida el viernes 22 de enero, han surgido especulaciones en las que se trata de presionar a la baja el precio nacional de la soya.

Para entender por qué no deben atenderse a estas presiones, debe tenerse en cuenta que el costo de importación del grano se calcula teniendo en cuenta algunas variables: las principales, el precio internacional en la Bolsa de Chicago, la tasa de cambio y el costo de los fletes marítimos y terrestres.

Durante el último año, el precio internacional de la soya ha mantenido una tendencia creciente hasta una cotización histórica, el pasado 15 de enero, de US$527,8 por tonelada. Esto implicaría un costo de $2.104.000 por tonelada puesta en Bogotá (1), bajo una tasa de cambio de $3.470 por dólar. El pasado 22 de enero, el precio tuvo una disminución del 4% con respecto al cierre del mercado del jueves 21 de enero. La caída se explica por la toma de ganancias de los fondos de inversión y las mejoras en las expectativas de producción de Brasil y Argentina por condiciones climáticas.

El día 25 de enero el precio tuvo un repunte sustentado en la fuerte demanda de exportación cotizándose en US$493,65 por tonelada. En cuanto a la tasa de cambio, se alcanzó un valor de $3.589 por dólar; por lo tanto, el precio en Bogotá de la soya es de $2.154.994 por tonelada, tan solo 2,3% por debajo del máximo alcanzado el pasado 15 de enero.

 

 

 

 

 

A partir de la información presentada puede concluirse que el precio de la soya importada sigue cotizándose a precios superiores a $2.100.000 por tonelada en Bogotá, manteniéndose en máximos históricos, toda vez que la demanda internacional sigue creciendo y las condiciones climáticas en Argentina y Brasil no son favorables para la producción de esta leguminosa.

(1) Este es un valor de referencia calculado diariamente por el Departamento Económico, a partir de información publicada por CME Group, Banco de la República, Grains Council y el Ministerio de Transporte.