“El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo (MinCit) prepara un borrador de decreto con el que se establecería un arancel del cero por ciento (0%) para la importación de los productos clasificados por las subpartidas arancelarias 1005.90.11.00 (maíz amarillo); 1201.00.90.00 (soya) y 2304.00.00.00 (torta de soya).

Adicionalmente, el proyecto de normatividad pretende suspender de manera indefinida la aplicación del Sistema Andino de la Franja de Precios (SAFP) para el maíz amarillo y el fríjol soya.

“Esos mensajes encontrados y contradictorios desestimulan al productor agrícola nacional, pues no se propicia en el país un verdadero encadenamiento productivo entre la producción primaria y la producción agroindustrial pecuaria, sino que a pesar de la incertidumbre de los mercados se quiere seguir dependiendo de las importaciones a toda costa, destruyendo trabajo nacional y entregando el mercado interno a terceros países”, indicó Henry Vanegas, gerente de la Federación Nacional de Productores de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce).

Según las directivas del gremio, al parecer, esta decisión del MinCit es motivada por el lobby realizado por un gremio de la producción avícola argumentando que requiere esta eliminación para compensar el costo de importación de materias primas para la fabricación de alimentos balanceados, toda vez que un incremento en los precios de éste redundaría en un aumento en los precios del producto final al consumidor.

Para Fenalce, acelerar la eliminación de los escasos aranceles que aun defienden la producción nacional de maíz amarillo (6 %) es una solución inmediatista; la soya ya no tiene protección alguna.

Actualmente, las importaciones de estas materias primas desde los Estados Unidos tienen arancel cero, y de ese contingente de maíz con cero aranceles del TLC en el 2020 falta aún por entrar 1,5 millones de toneladas; por el lado de Mercosur, el arancel que arroja el Sistema Andino de la Franja de Precios (SAFP) para el maíz amarillo es del 1% y para soya y torta de soya es del 9%.

“Con estas pretendidas medidas anti-agrarias no se obtiene un verdadero impacto en el precio al consumidor de la proteína animal, pues para tener un verdadero efecto en los precios al consumidor sería más racional eliminar los altos aranceles que cobijan los cuartos traseros de pollo, el cual, si ejerce una verdadera protección en frontera a su ineficiencia productiva y que afecta significativamente el bolsillo de los colombianos”, destacó Henry Vanegas.

Vale la pena destacar que muchos subsectores de la producción pecuaria se han visto más afectados por los costos logísticos y del transporte interno, dada la actual situación de emergencia que atraviesa el país.

“En el caso específico de la avicultura, con las restricciones impuestas a la movilidad, uno de los principales demandantes de sus productos como los restaurantes, disminuyeron su demanda por el pollo de engorde, por lo que ahora pretenden resarcirse a costa de los productores nacionales de maíz amarillo y soya.

“Mientras tanto, los cultivadores colombianos tratan de sobrevivir a una pésima negociación del TLC con los Estados Unidos y a las subvenciones a la producción agrícola de ese país (Farm Bill) que ya han sido sentidas por otros sectores como biocombustibles que han denunciado las importaciones subvencionadas de etanol a base de maíz, principal materia prima”, indicó el gerente de Fenalce.

Las directivas del gremio dijeron que no se concibe que los agricultores de maíz sí estén enfrentados a la competencia internacional y que la industria avícola tenga una protección arancelaria tan elevada para los cuartos traseros.

Además, plantearon un par de cuestionamientos: ¿Quiénes son los ineficientes? ¿Los agricultores que compiten con todo el costo país frente al maíz importado o la industria que no es capaz de exportar pollo a esos países de donde importa ese maíz subsidiado?

Así las cosas, los productores de maíz y soya no comprenden los mensajes contradictorios del Gobierno Nacional, ya que éste ha buscado el compromiso de los cultivadores con el país para mantener el abastecimiento de los productos básicos agroalimenticios, a pesar de la falta de condiciones mínimas de salud en el campo para afrontar el Coronavirus (Covid-19).

Por otro lado, Fenalce recalcó que, pese a la situación actual, el mismo Gobierno pretende tomar este tipo de medidas nocivas para la producción nacional de maíz y soya al querer rebajar los aranceles por decreto, sin un compromiso de desempeño con la producción nacional, siendo este tipo de medidas lamentables, desacertadas y contraproducentes para el agro colombiano.

“En lugar de traer grandes volúmenes de materias primas (5,3 millones de toneladas de maíz y 2,1 millones de toneladas de soya entre torta y grano) deberíamos rebajarles la protección arancelaria a los cuartos traseros de pollo y traer comida a más bajo costo, ya que la logística se ha complicado y la población no quiere exponerse a más riesgos de contagio”, concluyó el gerente de Fenalce.

Colombia debe desgravar toda la Cadena agroalimenticia del pollo, no solo las materias primas, sino quitarle la protección al concentrado y al producto terminado. Específicamente a los cuartos traseros. Llegó la hora de acelerar la desgravación de estos productos (con el Mercosur y el TLC) y de quitarle la protección a un alimento subsidiado que puede ayudar a solucionar la provisión de alimentos en esta emergencia global.

Le pedimos al gobierno que todos debemos contribuir a esta cuarentena y a garantizar el suministro de comida de nuestros compatriotas. La propuesta es clara: en lugar de importar tanto maíz importemos más trozos de pollo para que beneficiemos al consumidor final

Como dice el refrán “o todos en la cama o todos en el suelo”, tenemos que ser medidos con el mismo rasero y todos debemos contribuir a garantizar la seguridad alimentaria de los colombianos.